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jueves, 29 de octubre de 2015

NEIL YOUNG

Neil Percival Young, o simplemente Neil Young (Toronto, 1945), ha sido definido como uno de los artistas más influyentes del rock.Como guitarrista y cantante Neil Young es indudablemente un referente. Cuatro décadas de su rock siguen circulando por las venas de músicos y melómanos. Acústica o eléctricamente; asentado sobre sus distorsiones y -en todas- entregado absolutamente a la música, Neil Young es el héroe inmortal de la guitarra -en mi opinión no tanto por su virtuosismo (los hay más virtuosos que él), sino por su originalidad-; una influencia inexorable para los que vivimos en el territorio de la música, provisto especialmente de su Old Black Gibson Les Paul. Yo mismo, no puedo evitar aplicar imaginariamente las improvisaciones de Young en las performances de otros grandes del rock. 
La música de Young es agridulce, obsesiva del detalle y la creatividad; su lírica es notable, quizás porque Young es un testigo. Testigo de todo: de su propia vida (una familia fracturada, la polio cuando niño, la epilepsia de joven, un aneurisma cerebral, fracasos amorosos, dos hijos con parálisis cerebral), del mundo, sus injusticias y rebeldías (cómo olvidar su magistral “Ohio”, testigo de las masacres de la Universidad de Kent y de la Plaza Tiananmen); del cambio climático, de las guerras, de la búsqueda del sonido, etc. Un testigo siempre creativo. Sus inicios en los sesenta, sus bandas: Buffalo Springfield, CSNY, Crazy Horses, Stray Gators; sus trabajos en solitario y con las colaboraciones de Linda Ronstadt, Emmylou Harris o Nicolette Larson; sus músicos: Danny Whitten, Billy Talbot, Ralph Molina, además de Still, Nash, Crosby, Furay; sus 55 álbumes entre 1966 y 2015, etc. lo retratan como icono del rock de todos los tiempos. Si bien Young -por motivos  comprensibles o no tanto- no apareció en los ochenta, resurgió por todo lo alto en los noventa. Y ello resulta más admirable y paradójico tratándose de alguien como Young, que desde los parámetros folk, tan clásicos, tan sesenteros, resulte hoy tercamente revolucionario. Su música forma parte de los cimientos, las estructuras del rock, cuya repetición e influencia siguen siendo trascendentes e invaluables. Por ello, su discografía es la historia de la revolución en muchos aspectos: social, cultural, económico, musical, etc. Por ello -en mi opinión- “Ohio”, “Heart of gold” “Cowgirl in the Sand” y “Hey hey, my my (Into The Black)” son las joyas de la corona.
Para cerrar esta parte, no hay que ignorar la opinión de una de las personas que más cerca ha estado y que ha hablado decenas de horas con Young: su biógrafo autorizado Jimmy McDonough. Él retrata al genial músico en Shakey: Neil Young's Biography (Author Books, A Division of Random House, Inc., 797págs.) como hiperactivo, caótico, despiadado, talentoso, inconformista, desconcertante..., además de generoso.

ALGO DE SU DISCOGRAFÍA MÁS VALIOSA

Su álbum Everybody knows this is nowhere (Reprise, 1969), puede considerarse su obra maestra. Épica, invaluable, absoluta. En él aparecen los exRockets -a partir de aquí Crazy Horse- acompañando magistralmente a un Young a partir de ahora solista. No hay palabras para describir esta mezcla de energía y sensibilidad en un rock country con su personalísimo sello. Canciones largas, con míticas improvisaciones donde nada es completamente dulce ni nostálgico, nada demasiado agrio ni salobre. De todos ellos se puede ver cómo el amor se convierte en riff en “Cinnamon girl”; o el “Everybody knows this is nowhere” se muestra nostálgica. En “Round & Round” que cantó junto a Robin Lane, Young se desplaza con gran sensibilidad sobre la melodía. “Down by the river” es una alegoría del amor y la muerte, lenta hasta el dolor. “The losing end (When You're On)” otro country rock para el amor fallido. Hay una cuota especial para el violín lastimero de Notkoff en “Running Dry”. Todo está en orden hasta ahí, pero dejamos el lugar especial para la fabulosa e emotiva “Cowgirl in the sand”, para mí la canción de este disco, donde la lírica de Young pasa a ser secundaria y hasta prescindible para ceder el paso a su guitarra, en un trance de casi diez minutos y nos deja en el alma un dibujo imborrable, lleno de sensaciones. 

Enseguida Neil Young nos regaló “Harvest” (Reprise, 1972), quizás su disco más mediático, al mismo tiempo el más esencial. No falta ni faltará en el playlist de mi vida. Una larguísima carrera de episodios dispares dentro del mismo disco. Balanceándose entre un folk/rock y country acústico u orquestado. Con la compañía de los Stray Gators Young impregna su genio en un vinilo de gran calidad. Quedan para el aplauso las míticas “Heart Of Gold”,  (grabado en Nashville), “Old Man”, (inspirado en Louis Avila, que trabajaba en su rancho Broken Arrow), "Are You Ready For The Country?”, “The Needle And The Damage Done” y por supuesto “Harvest”. Hay de amor y rebeldía, hay de Crosby, Still, Nash, Taylor y Ronstadt. Hay de la London Symphony Orhestra. Hay de todo para el espíritu.  

En “Rust Never Sleeps” (Reprise, 1979) Neil Young en directo  regresa a esa dicotomía, piedra angular en su trabajo: folk acústico con prevalencia de la melodía y rock eléctrico de intensa y terca   distorsión. Su lírica es notable en los distintos habitáculos desde donde Young nos habla. Para empezar, el magnífico hard “My, My Hey Hey..." En sus dos caras: "Out of the blue” (acústica) pero -para mí- la brillante “Into the black” (eléctrica) es la mejor. Dos regalos de un mismo tema. Luego “Powderfinger”, “Trasher”, “Pocahontas”. Aquí participan Nicolette Larson, Carl Himmell, Joe Osborne y sus amigos de Crazy Horse, crudos, salvajes y valiosos.    

“Neil Young” (Reprise, 1969), un infravalorado, estupendo disco editado en Reprise con cálidos sonidos pop, folk, country y atestado de memorables melodías. Una de ellas es “I’ve Been Waiting For You”, tema con sonidos fuzz guitar con Neil Young registrando su encuentro con una mujer que salvará su vida, una mujer que parece haber perdido una o más veces. 

On the Beach” (Reprise, 1974) obtuvo poco éxito comercial, aunque con el paso del tiempo se convirtió en un favorito de la crítica: al respecto, el crítico Derek Svennungsen describió On the Beach como «hipnotizante, desgarrador, lúcido y turbio».

En “American Stars ’N Bars” (Reprise, 1974-1977), recomiendo “Like a Hurricane” 


“Freedom” (Reprise, 1989).- Recomendable “Rockin’ in the Free World”, año 1989, un disco crítico con la administración Bush. Resulta valioso este álbum porque puede considerarse su primera aproximación con el grunge. 

MI PLAYLIST:

HEY HEY, MY MY (INTO THE BLACK)

OHIO

HEART OF GOLD

COWGIRL  IN THE SAND

OLD MAN

ROCKIN' IN THE FREE WORLD

LIKE A HURRICANE

HARVEST MOON

DOWN BY THE RIVER

MI SELECCIÓN  PERSONAL 



sábado, 15 de octubre de 2011

QUEEN Y FREDDIE MERCURY




Escribe: Rogger Alzamora Quijano


Bajo el nombre de Queen se inaugura uno de los momentos cumbres de la música popular. La célebre formación -originalmente fundada por el guitarrista Brian May y el baterista Roger Taylor, luego el cantante/pianista Freddie Mercury y finalmente el bajo John Deacon- mostró que el virtuosismo musical, la depurada técnica y la cuidada ingeniería del sonido son más valiosos cuando se desafían nuevos horizontes. Habrá todavía lugar para la influencia de Queen en el rock (heavy, hard, progresivo, folk, glam, sinfónico y demás) por mucho tiempo aún.
La música de Queen se sostiene en la voz de Mercury, pero está hecha para que el bajo asuma roles protagónicos (Another one bites the dust, por citar uno solo)atacando la melodía con gran decisión. También en las geniales notas de May (en la Red Special, guitarra fabricada -se dice- por él mismo). Memorables solos en Bohemian Rhapsody, Don’t stop me now, I want to break free, Play the game, The show must go on, I want it all y otros. Taylor es el complemento vital para el grupo, sus baquetas enmarcan con precisión y destreza.
Mercury va desde la sublime nota hasta la casi esquizofrenia vocal, sin perder ninguna nota, sin temor a las alturas, sin transigir en absoluto. Desde Bohemian hasta Heaven for everyone, pasando por We are the champions, Mercury lanza su propuesta emotiva y sólida, plagada de recursos y matices, plena de armonía y seducción. No deja espacio para el sosiego, siempre invita más allá, sólo para seguir colmando plenamente las expectativas.

ESPACIO APARTE: FREDDIE MERCURY

Si hubieran transcurrido ya todos los tiempos Freddie Mercury (con nombre de pila: Farrokh Bulsar) ocuparía el primer lugar entre los cantantes de música popular y quizá el de uno de los más influyentes músicos en cualquier género. Su registro (tenor/barítono) suele ser impecable y limpio ante las más altas exigencias, por más que al final de su carrera fuera reemplazando las notas agudas por octavas un poco más predecibles.
Es de suponer que tremendo bagaje de cualidades vocales y musicales fueran a desencadenar una lluvia de magistrales composiciones. Mercury ha compuesto gran parte de lo más representativo de Queen: Bohemian Rhapsody, We are the champions, Killer Queen, Don’t stop me now, Play the game, entre otros. Sólo su genio musical puede explicar que a pesar de sus dificultades para leer música haya escrito temas de gran complejidad.

Dichosas las últimas trescientas mil personas que el 9 de agosto de 1986 vieron a Mercury y Queen en Knebworth. Veinticinco años después de aquél acontecimiento y veinte después de su partida al Cementerio de los Inmortales, el asiento vacío de Freddie Mercury en el salón de los genios vivos nos llena de nostalgia.

Top

1.- Bohemian Rhapsody.- Con una cuidadosa mezcla de los canales de sonido, con el fin de deleitar al oyente, Mercury interpreta su más alucinante logro, matizándolo con artificios sonoros, gran derroche en los elaborados coros y la guitarra de May, realmente magnífica.

2.- We are the Champions.- La cadenciosa y sublime voz de Mercury que de pronto los coros empujan a la emotividad más frenética. En el piano vital se imagina la espera, la ilusión, para terminar envolviéndonos en la celebración total.

3.- Don’t stop me now. – Pleno de virtuosismo y calidad. De los mejores de Queen, sin duda. Gran variedad en los recursos para su construcción. Cada parte del tema está conectado con la esctructura. De haber sido otro y no Mercury y Queen quien lo creara e interpretara, seguramente este tema pasaría a ser uno más del lugar común.



4.- It’s a hard life.- Aparentemente convencional en su médula, hasta que Mercury decide llevarla hasta los cielos. Puede ir desde hard hasta la sinfonía sin dejar heridas auditivas.

5.- I want to break free.- Trepidante y emotiva, apoyada en Mercury, May y Taylor. Sus sensacionales armonías invitan a acompañarla en el ritmo, desde cualquier rincón y en cualquier momento. Basta escuchar sus primeros acordes para seguirla con placer.

6.- Killer Queen .- Desde un magnífico diseño del engranaje, la voz de Mercury nos conduce por sus intrincados arreglos. Paradas intempestivas que desembocan en grandes melodías y coros, una guitarra sin complejos y más bien arriesgada que lleva a la percusión hasta el disfrute. Al final deja la sensación de que falta algo más.

Igualmente brillantes: 

Play the game
Somebody to love
The Miracle
It’s a hard life
Friends will be friends
I want it all

lunes, 18 de enero de 2010

JETHRO TULL - THICK AS A BRICK Y MÁS




Escribe: Rogger Alzamora Quijano



Jethro Tull, banda de culto del rock progresivo, tiene en Ian Anderson, líder y mentor del grupo, músico prodigioso y referente indudable en la música contemporánea, su cabeza visible. Jethro Tull es Ian Anderson. De hecho, su larga trayectoria matizada con baches y escaramuzas, le han dado un lugar inmortal entre los melómanos. Especialmente por su original propuesta, lejos de encasillamientos y clichés. La música de Jethro Tull es original, inconfundible. Además de sus históricos temas, como “Thick as a Brick”, “Aqualung”, “Locomotive Breath”, toda su producción no está exenta de enconados debates entre el amor y el odio, pero siempre despiertan pasiones. Nunca pasan desapercibidos.
Su rock que transita desde lo progresivo, blues, folk, hard rock, o sinfónica-barroca y llega hasta lo indefinible, único. Desde su pilar, la magistral flauta de Anderson y su voz poco ortodoxa, sería injusto ignorar o menoscabar el soporte cualitativo de toda la banda. Músicos de gran calidad que deben transitar por la penumbra debido a la personalidad avasallante y mediática de Anderson, que ha logrado reinventarse continuamente hasta estos tiempos.
Desde su primer álbum “This Was” (1968), siguiendo con “Stand Up” que contiene el primer éxito monumental de la banda “Living in the past”, o “Witch's Promise" (que adiciona también el haber sido el primer single grabado en estéreo en la historia de la música); “Aqualung”, quizá su álbum más universal y cuyo hard rock se combina con letras poéticas de corte social y religioso, siempre contestatario (en la cubierta aparece la polémica frase “ En el comienzo, el hombre creó a Dios, y le dio poder sobre todas las cosas”, la cual le valió la censura en España, al igual que su álbum “Thick as a Brick” durante la dictadura franquista). De "Aqualung" prefiero “Locomotive Breath” por su majestuoso despliegue, trepidante, que nace clásico y se va haciendo rock durante estadios bien marcados y una línea clara. El breve solo de flauta es inolvidable.
Pero no sólo sería “Thick as a Brick” un éxito de crítica y de ventas, sino el mejor logrado conceptualmente. Para mí ha sido siempre un álbum que me ha rescatado de todas mis desventuras. Gracias a él he logrado sobrevivir apegado a mis delirios. Un solo y largo tema dividido en dos partes, una en cada cara del vinilo. Movimientos con temas que a veces se repiten dando una columna vertebral y destacan por su virtuosismo y complejidad. Más de 43 minutos de deleite ininterrumpido, pues ni al final del lado A se rompe la unidad, queda silbando el aire hasta que conectamos la cara B.

Tampoco hay que olvidar el magnífico "Minstrel in the Gallery" (1975), medio acústico y dulce, contrastando con piezas hard igualmente de gran calidad. Luego vendrían los inolvidables álbumes: “Songs from the wood”, “Heavy horses” y “Stormwatch”, trilogía que va decantando el folk medieval y el rock puro con arreglos orquestales y que logró el aplauso unánime de la crítica y del público. Seguidamente vendría “Bursting Out” (1978), un doble grabado producto de sus memorables giras, donde la banda recrea sus mejores interpretaciones. Ian Anderson ofrecería en sus solos de flauta la calidad de su increíble formación autodidacta.
Entre 1980 y 1984 la banda cae en un hueco, común entre los grupos de larga data, pero regresa marcado por un mítico suceso en donde el álbum “Crest of a Knave” recibe un aluvión de elogios y gana el Grammy de 1989 por Mejor Performance de Hard/Rock/Metal, imponiéndose a los archifavoritos Metallica en medio de gran escándalo. Lo cierto es que el heavy le debe a Jethro Tull mucho de su formativa temprana, por lo tanto no es de extrañar que los académicos hayan reconocido su trabajo por sobre aquella legendaria banda.
Aunque “Rock Island”, “Live at Hammersmith ´84” y otros tres marcaron una década poco profunda en su discografía, a mí me gusta, como “A Little Light Music” (1992) regresó a la banda a su encumbrado lugar, básicamente con temas antiguos en versión casi totalmente acústica y en vivo. Enseguida “Divinities: Twelve Dances with God”, donde Anderson reclama su pedestal de genio flautista con insuperables versiones instrumentales. Un regalo para el espíritu. Yo lo tengo entre mis favoritos. No menos notables fueron “Jethro Tull, J-Tull Dot Com” (1999) y “The Secret Languaje of Birds” (2000) reafirmando su estilo.

Ian Anderson, un músico que deja una huella imborrable en el espíritu, genio creador de emociones sin par y melodías insospechadas. Autodidacta, genial improvisador de respiraciones imperceptibles en sus larguísimos tramos de flauta.
Ian Anderson, artífice de Jethro Tull y Oficial de la Orden del Imperio Británico, gracias por tantos años de excelente música.

"Thick as a brick"
El mejor de su carrera. Dos partes de una misma canción. Casi 44 minutos esplendorosos donde el virtuosismo de cada uno de los músicos va en perfecta armonía con la música, una música de corte sinfónico y vibrante, por momentos sensitiva, apacible, pero siempre muy conceptual. Que los teclados tengan supremacía no es casual. Ellos, con la flauta de Ian logran un desarrollo decidido, vital. Y los solos de flauta cargan sobre sus hombros las partes más delirantes del disco, con improvisaciones legendarias. Quienes solemos escuchar con una especie de adicción lo hemos memorizado tramo a tramo, silencio a silencio, hasta llegar a una meseta donde se podemos sentir la  sincronía de este mítico disco, nunca igualado ni por el propio Anderson. Su lírica basada en la ficción, da fe de su propuesta siempre rebelde e irreverente ("Puedo hacerte sentir, pero no puedo hacerte pensar", o "Vengo de la clase alta para enmendar sus podridos modales").



Créditos:
"Thick as a brick"
Grabación: Londres, Diciembre de 1971
Publicación: Marzo de 1972
Duración: 43:50
Sello: Chrysalis
Género: Rock Progresivo, Art Rock, Sinfónico, Folk

Ian Anderson: Flauta, voz, guitarra acústica, trompeta, saxo, violín
John Evan: Piano, clavicordio, órgano Hammond
Barriemore Barlow: Percusión
Jeffrey Hammond: Bajo, voz
Martin Barre: Guitarra eléctrica, flauta.




Imprescindibles: 

“Aqualung”

“Locomotive Breath”

“Living in the past” 

"Rock Island" 

"Budapest"





jueves, 26 de noviembre de 2009

ERIC BURDON & WAR, LA MEJOR BANDA EN VIVO



Escribe: Rogger Alzamora Quijano

Eric Victor Burdon ( Walker, Newcastle, 1941), fue miembro fundador y vocalista de The Animals, con quienes lograría su ya célebre gran éxito: “The house of the rising sun”, un tema de Texas Alexander, que graba con The Animals. Luego por deserciones de sus primigenios integrantes se llamaría Eric Burdon and the Animals y, finalmente, Eric Burdon and the New Animals, antes de que Burdon se uniera al grupo War, con el que produjo éxitos vitales como: Spill The Wine, Tobacco Road, Gun, Magic Mountain, Mother earth, entre muchos de gran factura. Aunque su etapa con The Animals en Londres fue excepcional, personalmente me quedo con la ecléctica banda War.
En el blues de War y Burdon las melodías transcurren de un modo apasionado: largos trances de guitarras, teclados o saxo, que irremediablemente nos llevan al éxtasis donde es inevitable cerrar los ojos y escapar hacia el paraíso. Las improvisaciones, largas y plenas del espíritu blusero, con reminiscencias de Hooker, Ray Charles, Dylan, entre otros, se apoya básicamente en los ritmos negros, del mismo modo que los ejecutantes de War. Sus discos de estudio dan la impresión estar tocados en vivo.
En 1970 lanza Eric Burdon Declares "War". El mensaje de la tapa del disco, de paz y amor, hermandad, armonía y esperanza; contra el racismo, pandillaje y los crímenes de guerra, tanto como las melodías subyugantes y cuasi eróticas que fueron escritas generalmente por Jordan, Allen, Brown, BB Dickerson, Charles Millar y Burdon. Todos con una muy buena factura, compuestos en tramos, para mí sin embargo destaca “Blues For Memphis Slim” (13:08 mins). Cinco tiempos de extraordinaria música y por cierto “Spill the wine”, el más popular y más vendido. Los críticos la catalogaron como la mejor banda en vivo jamás vista. La influencia que ha ejercido sobre las generaciones venideras ha quedado demostrada plenamente en su vigencia, ya que mucho de Eric Burdon & War se escucha aún en el hip hop, blues, el reggae actuales.
Burdon resulta siendo imprescindible para entender los años 70s. Su voz toma las vibrantes notas de los grandes cantantes negros. No hay como Burdon para traducir mejor el sentimiento en su voz. A despecho de sus caídas y recaídas en terrenos lisérgicos y similares, Burdon mantuvo en pie su naturaleza única.

Spill the wine- Mil gracias a las personas que comparten documentos valiosos como este, sin los cuales, los jóvenes no tendrían manera de conocer a los grandes de la música de siempre.



Nights in white satin.-

Pretty Colors.-

Paint it Black.- (Eric Burdon & War)

martes, 6 de octubre de 2009

SANTANA , EL ESPÍRITU LATINO



Escribe Rogger Alzamora Quijano



Hay en Carlos Santana la versatilidad para ocupar distintos flancos de la música. Sin embargo su particular y agudo gorjeo lo distingue por sobre el resto. Carlos Santana es capaz de dejar ver su alma en su guitarra. Trasciende como pocos a su propio mito. No es fácil hacerlo aun para quienes como él plantaron el árbol de la fantasía hace casi cuarenta años y lo sostienen cada día.
Aunque algunos digan que su presencia en Woodstock haya sido meramente casual -pues los organizadores hubieran podido elegir a cualquier otro- Carlos y su banda (David Brown, Greg Rolie, Chepito Areas, Mike Caravello y Michael Shrieve) treparon al mítico escenario sabiendo lo que podían ofrecer. Y apenas se dejó oír, la gente olvidaría la lluvia, y el 16 de agosto del 69 pasaría a ser su natalicio. De aquella formación y su frenético ritmo nos quedan, además de Carlos, Areas y sus vibrantes golpeteos, Rolie y su teclado que hasta hoy tiene marcado su territorio, y las baquetas de  Michael Shrieve, el baterista con cara de chico malo y manos avispas.
Fillmore West se hizo su casa y tampoco fue casual. Allí tocaban los célebres de San Francisco. Pero tuvo que esperar hasta “Abraxas” para convencer con la genialidad de sus fusiones latinas, repletas de cueros y teclados de raigambre “bullera”. No voy a hacer un compendio de sus obras. Este es más bien un intento por disfrutarlo desde todos los ángulos.
Y comenzaré por casi lamentar la ruptura del primigenio grupo el año 71, justo cuando su música empezaba a tomar aires psicodélicos. Y después, varios años más tarde, la nueva postura mística que adoptó Carlos, luego de su encuentro con el gurú Sri Chinmoy lo llevaría a hacerse llamar Devadip: un Santana pacifista aunque controversial (y de pelo corto).  En el camino, Gregg Rolie lo abandonaría para dejarlo en manos de Leon Thomas y sus improntas de basamentos eufóricos.
Hay devaneos que cuestan. Y esos fueron los de Santana. Y aunque fueron de malo a regular en largos años de meditaciones, no perdieron su linaje afro ni su calor latino. A despecho de eso se vendieron por millones y eso supone vigencia, al menos. “Blues for Salvador” sería su reencuentro con la excelencia, a pesar de que habría de esperar hasta el aire pop de “Supernatural” (1999) para encender a su público ávido de más Woodstock.
Esperamos veintiocho años para ver regresar al Carlos Santana ecléctico, al summum de la música visceral, al orgasmo onírico. No habían sino elucubraciones más o menos perspicaces en aquél largo intermedio, y casi se nos va de las manos. Pero Carlos siempre nos sorprende y regresa reintentado, actual, fresco. Capaz de devolvernos su esencia y llenarnos de júbilo con sus cueros, cuerdas y teclados.
En un Santana completo habríamos de colocar “Soul Sacrifice”, “Evil Ways”, “Wainting”, “Jingo”, “Oye cómo va”, “Black Magic Woman”, “Samba pa ti”, “Singing winds, crying best”, “Mother´s Daughter”, “El Nicoya”. Es “Everybody´s everything”, “Batuka”, “No one to depend on”, “Everything´s coming our way”. Santana es también “Persuasion”, “Savor”, “Fried Necklines” y “Supernatural”.
Con la música de Santana se puede vivir feliz. No importan ya, entonces, los veintiocho años del misticismo de Devadip, si al final ha de regresar el mito viviente, el hombre a quien la cultura latina debe la emoción de sus sentidos. De toda su amplísima discografía elegí el video de Woodstock, como una muestra. Increíble, fantástico, genial, trepidante!!! Más de treinta minutos de locura.

Nota: Tuve que cambiar el audio por video el 01 de Mayo de 2016 debido a que el servidor Goear ha sido retirado de gran parte del mercado mundial. Esperemos que este video deje más contentos a los fanáticos.

El placer de escuchar un Santana original nos hace obviar las distorsiones causadas en el sonido en la parte correspondiente a su presentación en Woodstock, pero que no puede faltar en este combinatorio excepcional, porque realmente fue en el inigualado Festival donde nació Santana. Para ello he tomado material audiovisual de Youtube, con fines ilustrativos. 

Y aquí el audiomix del mismo, para los territorios donde el video no sea posible visualizar: